En mi opinión, el tiempo es uno de los conceptos más “juguetones” con los que lidiamos los humanos en nuestra vida.

Y no hace falta que las teorías de Einstein nos recuerden que es relativo.

Se nos escapa entre los dedos cuando lo estamos pasando bien.

Pero se nos hace eterno en las esperas o cuando sufrimos…

Tememos “perderlo”, pero a veces lo desperdiciamos a manos llenas.

Y, cuando sabemos que nos queda muy poco, luchamos por extenderlo con todas nuestras fuerzas.

Por mucho dinero o poder que un humano pueda tener, no puede detenerlo.

Todos, sin excepción, tenemos cada día un total de 24 horas y tan solo es decisión nuestra cómo utilizarlo.

Como bien dice la definición de la RAE, el tiempo es la “magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro.”

Así que, lo que está ocurriendo AHORA, justo en este instante, esto que estás leyendo, es el presente.

Pero ojo, “tempus fugit”, el tiempo vuela…

Esa línea que estabas leyendo en el presente, se ha convertido en pasado ya.

Y el futuro es aquello que se extiende ante ti, lo que se despliega a partir de… ¡ya!

Y el ciclo “futuro que pasa a presente, y al siguiente instante ya es pasado”, no deja de suceder…

Visto así, parece que los humanos estamos indefensos e impotentes ante este devenir.

Pero yo creo que no.

Y que tenemos más poder del que creemos…

¿Me acompañas a descubrirlo…?

Hoy vamos a irnos al PASADO.

Ya sabes que, agua pasada, no mueve molino”, queriendo decir que “lo hecho, hecho está” y que no sirve de nada mirar hacia atrás, porque el pasado “NO SE PUEDE CAMBIAR”.

(O eso dicen…)

¿Te ha pasado alguna vez, recordando con gente algún acontecimiento pasado, que cada uno recuerda las cosas “a su manera”?

Uno cuenta un detalle que para los otros pasó desapercibido, otro se fijó en los colores o la ropa con minuciosidad, otro rememora una conversación del momento “palabra por palabra”, otros tienen tan solo recuerdos vagos…

Y para otros, ni siquiera el hecho fue tan relevante como para que su memoria “malgastase ni una sola neurona” en recopilarlo y no se acuerdan de nada…

Pero todos estuvieron en ese momento, cuando era “presente” para todos, allí.

Y ya no es una cuestión de buena o mala memoria.

Simplemente es que hemos procesado los recuerdos, cada uno de una forma personal e intransferible.

Y es esa manera única la que hace que tengamos una perspectiva diferente sobre un mismo hecho.

Es decir, que los recuerdos son subjetivos y no algo real e inamovible, como a veces nos hace creer nuestra mente, en plan: “fue así y punto”.

Es curioso e interesante pedir a otras personas que recuerden su versión de algún hecho conocido por ti para enriquecer “tu recuerdo” con “su mirada” de ese momento. Te puedes llevar algunas sorpresas, te animo a probarlo y a cuestionar la fiabilidad “absoluta” de tu memoria…

Y es que además, ahora cuando recordamos algo del pasado, lo hacemos desde un “yo” diferente a nuestro “yo” que lo vivió, por lo que podemos elegir entender y dar un nuevo sentido a nuestras memorias desde nuestra nueva perspectiva más experimentada en la vida (sobre todo aplicable a los recuerdos de nuestra niñez).

Otro punto importante es que las memorias suelen llevar asociadas una carga emocional importante. Para mí es como si se quedase una “energía enganchada” en ese momento en el tiempo.

Y encima, tendemos a recordar más las cosas que consideramos “negativas”, tal vez por esa carga de sentimientos que ha grabado a fuego momentos tristes, de dolor…

Hay gente anclada a recuerdos del pasado, recordando en bucle una y otra vez cosas dolorosas y, se pierden el hoy y la posibilidad de un futuro más brillante…

Pero tenemos el poder de “reescribir” conscientemente la historia que nos contamos sobre ese recuerdo para nuestro beneficio.

No se trata de cambiar lo que ocurrió, pero sí se puede conectar el recuerdo a una historia que refleje el aprendizaje positivo que ello supuso, hecha desde tu experiencia y desde tu “yo” actual.

Y seguro que puedes llegar a liberar parte de esa “energía” que se quedó enganchada y recuperarla para tu presente.

Puedes creer que hay recuerdos que no te han aportado nada bueno, pero siempre, siempre ha sido así. Las crisis, los momentos complicados son los que te hacen sacar tu potencial.

De hecho, nuestro “yo actual”, no sería así de sabio de no haber pasado por todas y cada una de nuestras experiencias y aprendizajes (más o menos intensos) de nuestra vida.

Por ejemplo, esa experiencia tan dura en el trabajo, puede quedarse rondando en tu memoria como algo negativo y doloroso, pero también puedes contarte la historia de que gracias a ella, te diste cuenta de tu fuerza, conseguiste salir de allí y aprendiste a marcar límites, que es lo que haces hoy.

¿Te animas a probar el poder de cambiar tu pasado?

Es muy liberador…

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