¿Y tú? ¿Puedes conseguir todo lo que te propones…?

Generalmente es más común escuchar esta frase en modo afirmación.

Algo así como: “Puedes conseguir todo lo que te propongas”.

Y, sonar, suena fantástico, ¿verdad?

Muchos lo adoptaríamos con una gran sonrisa (y mucho alivio) como un lema de vida.

Pero hoy me gustaría indagar un poco en las “tripas” de esta frase.

(Y hacerle una pequeña puntualización “a ojo de buen Cubero”.)

Está claro que tiene un objetivo motivador, que quiere promover la confianza en nuestros propósitos, que incita a la acción…

Y eso está bien.

Porque a veces nos encontramos “atascados” en la vida, inseguros sobre el siguiente objetivo, con dudas “existenciales” sobre si lo estamos haciendo bien, o la estamos liando (una vez más)…

Y la energía de la duda, es una energía de dispersión.

“¿Será por aquí? ¿O por allá? ¿Y si ahora pruebo este camino…? No, espera, mejor por ese otro…”

La mente valora sin parar los pros y los contras, pero siempre en función de los datos de los que dispone (que están limitados a nuestra propia experiencia, o a lo que podamos admitir como aceptable de las experiencias y consejos de los demás).

Y puede llegar a entrar “en bucle”.

(Y ni te cuento, si a todo eso añadimos un toque “perfeccionista”, típico de las mentes muy racionales…)

Aprender a tomar decisiones que estén alineadas con nuestro propósito vital es fundamental.

Pero una vez elegida la dirección, empieza un proceso.

Ya tenemos nuestro objetivo, una meta brillante que creemos nos traerá felicidad.

Y nos ponemos en marcha.

Al principio con fuerza, a tope de motivación y con paso ligero.

Pero luego viene la vida, y se interpone.

O no…

Porque según aprendamos a gestionar las cosas, podemos tomar a la vida como un incómodo “elemento” al que le gusta meter “palos en las ruedas” o un fantástico (aunque a veces un poco estricto) “entrenador personal”.

En el camino a ese objetivo encontraremos, por tanto, una serie de pruebas.

Y ahí podremos medir la verdadera resistencia de los cimientos de nuestro propósito.

Porque si, en el fondo, en el fondo, no nos apetecía o era más un objetivo de otros que nos hacía “tilín” pero no nos llenaba en el fuero interno…

A las primeras de cambio, las fuerzas flaquearán.

Pero será algo bueno, porque si realmente ese objetivo no era genuino ni estaba alineado con nosotros, cuanto antes lo descartemos, menos energía dedicaremos en vano a él.

(Y mejor entonar entonces aquello de: “a otra cosa, mariposa”.)

Pero eso sí, si de verdad es lo que queremos, ya puede llover o tronar, que las pruebas del camino, no harán otra cosa que reforzar nuestros “músculos” y hacernos más adecuados para el reto.

Aún y todo, aunque indiscutiblemente nuestro objetivo esté plenamente centrado en lo que es nuestra esencia, hay otro punto fundamental a tener en cuenta.

Y se resume en una pregunta sobre dicho objetivo, simple pero muy directa, que muchas veces obviamos:

¿Depende de nosotros?

(¿Al 100%?)

Porque en nuestro camino vital hay muchas cosas que están en nuestra mano, pero otras que no. Para nada.

Y eso está bien, así es la vida.

Pero hay que aprender también a gestionarlo.

Y esto se entiende mejor con un ejemplo:

Si nuestro objetivo es, vamos a imaginar, ganar una medalla de oro en las próximas olimpiadas…

¿Realmente depende de nosotros?

En nuestra mano está entrenar, fortalecer el cuerpo, enfocar la mente, buscar un equipo de profesionales que nos ayude en el camino…

Pero, si hay alguien que, a pesar de todo, lo hace mejor que nosotros el día definitivo, o si los elementos atmosféricos se ponen en contra…

Lo habremos dado todo pero no conseguido el objetivo…

Vaya, ¡qué decepción entonces…!

¿Seguro…?

Y aquí viene mi puntualización…

“Puedes conseguir todo lo que te propongas… que dependa de ti.

Yo me quedo con esa frase, un poquito más larga pero más certera, a mi entender.

Si hemos dado todo lo que teníamos dentro, explorado las vías que se nos han ocurrido, utilizado todas las armas de nuestro arsenal, aplicado una intención incansable, visualizando el éxito…

…tenemos todos los boletos para conseguir el mejor objetivo de todos:

Sentirnos satisfechos internamente con lo aprendido en el camino, con nuestro nuevo “yo” que ha sido capaz de llevarnos hasta allí.

Porque de lo que estoy segura es que, la transformación que ha supuesto nuestro proceso, es nuestro mayor premio, si lo sabemos recibir.

Y tendremos muchísimos números para influir también en esas otras partes que no dependen de nosotros.

Pero si sigue saliendo que “no”, pues es que no.

Y mejor aprendemos a gestionarlo con elegancia.

Por eso, si nuestro objetivo está alineado y formulado en base a lo que está en nuestra mano y aprendemos a avanzar hacia él constante y consistentemente, ahí sí…

…podemos conseguirlo.

El tema es que muchas veces, desde dentro, no es fácil diferenciar las cosas.

Es por eso que aprender herramientas para reformular objetivos y descubrir cómo usar nuestro poder interior para lograrlos, contar con puntos de vista objetivos que nos ayuden en el camino…

…son maneras muy prácticas y útiles de facilitarnos la vida.

El coaching es una vía fantástica para todas estas cosas, ¡qué te voy a contar yo…!

Y ahora…

¿Va a depender 100% de ti tu próximo objetivo…?

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