Se han escrito ríos de tinta sobre el arte de decidir y aprovechar las oportunidades que se nos presentan en la vida.

Ese tren que dicen que “pasa sólo una vez” (aunque yo no estoy tan de acuerdo…).

Y es que, efectivamente, estamos continuamente tomando decisiones a cada paso.

Algunas pueden ser más o menos triviales: “¿Me hago unas lentejas para comer, o unos macarrones…? Venga, hoy lentejas.”

Y, aunque en el momento pueda parecer que son importantes…

“¿Hará frio por la tarde? ¿Cogería la chaqueta verde, o la azul de lana más abrigada?” (Y, de hecho pueden suponer que ese día evites un catarro…)

…esas en general no suelen tener repercusión.

Pero hay otras decisiones que seguramente recuerdes con claridad y que te vengan a la mente de cuando en cuando, con mayor o menor intensidad.

Sobre todo hay algunas que son particularmente “insistentes”, y eso es por algo…

 

Por ejemplo si en su día pensaste: “Me tira mucho estudiar “X” pero todos me dicen que no tiene salida, voy a hacer algo más práctico y luego ya veré en mi tiempo libre si puedo hacer algo de eso también.” (Pero desde que terminaste de estudiar no has vuelto a ponerte con ello)

“Quedaría bonito un árbol que diera sombra a la puerta de casa. Un día (cuando tenga tiempo) tengo que mirar alguno en algún vivero…” (Y esto, te lo recuerdas cada vez que sales de casa y hace sol…)

“Me gustaría hacer algo por mi cuenta, pero aun no me siento preparado, voy a esperar a que mejoren mis circunstancias y me lanzo…” (Y cada vez que tienes una “movida” en el trabajo, te viene a la mente…)

 

Suelen ser aquellas en las que decidiste no tomar acción sobre algo que te apetecía cuando se presentó la ocasión, y luego te vuelven a la memoria acompañadas de una sensación de pesar…

Vamos a centrarnos en esas, las que dejan un poquito de “remordimiento”… (porque si no, es que no eran importantes para ti).

Y es que, a veces al recordarlas, nos da la impresión de que dejamos “pasar el tren” en su momento… y que ya no hay más opciones.

Y eso nos hace sentir mal. Sobre todo por la sensación de habernos conformado sin haber al menos probado esa opción que nos apetecía.

(Dicen que eso es uno de los mayores remordimientos en el lecho de muerte… Y eso da que pensar…)

 

“Ya, es que eso lo tendría que haber hecho cuando era más joven, al terminar de estudiar…”

“Ahora ya no es el mejor momento, si lo hubiese empezado hace 10 años, tal vez…”

“Uf, es que empezar ahora, tan tarde… Qué va, mejor me quedo como estoy, que no es para tanto…”

 

Y aquí voy a echar mano de un proverbio chino que me encanta:

“El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es AHORA.”

 

¡Efectivamente! Ahora.

Ahora mismo tienes la nueva oportunidad de volver a tomar esa decisión.

El tren vuelve a pasar, si tú lo permites.

Y además ahora, en tu equipaje vital tienes muchísimas más herramientas, más experiencias, más ideas, más sabiduría…

Si realmente esa idea sigue rondando por tu cabeza…

…pon manos a la obra.

Dale opción, ábrete a la posibilidad de ponerla en marcha, de forma tranquila y alineada.

Aviva un poco el fuego, y a ver qué pasa…

Analiza cómo te hace sentir…

A lo mejor la decisión final es descartarla del todo, y eso estará bien si tú lo decides así.

Pero la sensación de haberlo intentado te va a dar alas y a evitar remordimientos que drenen tu energía vital durante más tiempo.

Y sobre todo recuerda que, a lo mejor no puedes hacer “exactamente” lo mismo que en su día pensabas haber hecho.

Pero sí puedes hacer algo que te haga sentir igual y que esté adaptado a tu momento vital actual.

Siempre.

Piénsalo y permítete abrirte a la opción…

Así que… cada vez que pienses en algo que “ya debería haber sido hecho”, recuérdate que AHORA es el segundo mejor momento.

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